No es que
yo les tema
a las ventanas
ni a este muro
de papel
que me trasluce.
Abrirse
tras nombrar
es lo más simple.
La espada
de la luz
cortando siglos.
Difícil
es cerrar
las manos y los ojos
mientras
giro en el azul
que descerraja
el viento
cada noche.
Silvia Rodríguez Ares
15/1/2014

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